Una habitual consulta en psicología del deporte, y también en mi trabajo con ejecutivos, es la “mejora de la concentración”.

¿Qué es la concentración?

Una rápida definición nos dice que es la ATENCIÓN sostenida en el tiempo.

Hace unos años, sobre este tema, tuve un caso que hoy quiero compartir. Un talentoso y joven deportista de alto rendimiento, ante una situación concreta bajaba notablemente su desempeño. Algo que tanto él como su entrenador ya habían logrado identificar-diagnosticar con mucha claridad:

“…Cada vez que veo a mi padre sentado en la grada comienzo a fallar, su mera presencia me desconcentra…”

Y no había dudas, los hechos así lo ratificaban partido tras partido. Cuando «papá» no está, todo va bien; pero cuando viene… .

Se les ocurrió una solución: Su entrenador, con el consentimiento del joven jugador, invitó al apasionado padre a dejar de asistir a las competiciones. Evitando así su presencia física en los partidos de su hijo. ¡Para el bien de todos! …

¿Qué ocurrió en adelante?

Parecía estar funcionando. El rendimiento del atleta sin la presencia de su padre, partido a partido volvía a mantenerse a un alto nivel. A pesar de la profunda tristeza de aquel buen hombre recluido en casa; entrenador y deportista estaban satisfechos. ¡Al fin una solución!, hasta que… .

Algo “nuevo” sucedió.

Pocas semanas más tarde el joven atleta se enamoró… . Y a su flamante compañera se le ocurrió comenzar a acompañarlo a cada partido. La “vieja historia” parecía empezar a repetirse. Sí, otra vez:

“…Cuando veo que ella está en la grada comienzo a fallar, me desconcentro…”

Esta vez, el diagnóstico y posible solución no tardaron en aparecer: También a ella le tocaría quedarse en casa y verlo por tv.

¿Qué hacemos ahora?… .

Esa misma pregunta fue la que me trasladaron, entrenador y deportista cuando nos reunimos por primera vez, después de describirme cada detalle de esta “historia” que hoy comparto.

¿Para qué creéis que le puede servir a un tenista profesional alinear sus botellitas de agua en los descansos; o al basquetbolista botar dos veces el balón, respirar profundo y tocarse el pecho antes de cada falta lanzada; o al futbolista mirar fijamente el balón para luego levantar la mirada y escuchar su diálogo interno positivo antes de cada penal lanzado?

Después de una larga e interesante conversación con ellos, supieron encontrar la respuesta. Y la palabra clave apareció:

FOCO

Para poder sostener la atención (concentrarse), los deportistas definen previamente algunos puntos-rutinas-pasos que:

  • Ellos eligen y diseñan.
  • Ellos sienten que les aporta una mayor sensación de control de las situaciones –CONFIANZA-.
  • Ellos siempre podrán hacer depender de sí mismos.

En el caso que hoy te estoy compartiendo, una parte muy importante de su FOCO atencional estaba en algo que no dependía de él – primero su padre, luego su novia…, y su lista se hubiese alargado-.

Mi trabajo fue ayudarlo a planificar su propio modelo de atención, su singular camino de foco-rutinas-pasos creado sólo por él.

¿Ya no me voy a desconcentrar?…, solía preguntarme.

«Sí, y varias veces por partido…», era mi respuesta habitual. La diferencia la marcará que ahora sí tendrás tu paradigma para saber re-conducir y volver a tu FOCO. Te irás…, pero sabrás dónde y cómo volver.

Y así continuaron las competiciones de este deportista; ganado… y otras veces perdiendo. Pero ya sin pretender luchar y eliminar sus “problemas de concentración”. En su lugar, había aprendido a crear y definir sus «puntos de atención».

FOCO…, en lo que depende de ti.